Cuando los LLMs deliberan entre sí
Sesgo, identidad y exclusión en sistemas multi-agente. Lo que ocurre cuando varios modelos de lenguaje no hablan contigo, sino entre ellos.
¿Qué ocurre cuando varios modelos de lenguaje no hablan contigo, sino entre ellos? ¿Cuando los LLMs dejan de ser asistentes y se convierten en participantes de un debate estructurado, instanciados con identidades sociales distintas, con sus propios sesgos cognitivos, sus propios miedos y su propio vocabulario?
Eso es exactamente lo que hemos explorado durante los últimos meses con Omnibrain, un framework de deliberación multi-agente diseñado para simular debates entre agentes LLM con perfiles sociales ricos y diferenciados. El resultado no ha sido solo un experimento técnico: ha sido un espejo. Y lo que ese espejo refleja sobre cómo piensan —y cómo fallan— estos modelos merece atención.
Este artículo no es un resumen del paper académico. Es una lectura tecnoética de lo que ocurre cuando ponemos a deliberar a máquinas que simulan personas. Y de lo que eso nos dice sobre nosotros.
El experimento: diez voces, una pregunta, tres estructuras distintas
La pregunta central era directa: ¿llevará la automatización impulsada por IA a una transformación laboral sostenible o a una desigualdad estructural más profunda?
Para responderla, construimos tres fases de debate:
Fase 1 — Panel de expertos (Claude): 7 agentes analíticos —gestor de riesgo, asesor legal, periodista, fact-checker, analista de tendencias…— debatieron con identidad visible. Resultado: aprobación unánime 7/0. La desigualdad estructural como conclusión.
Fase 2 — Panel social identificado (DeepSeek Reasoner): 10 perfiles sociales ricamente definidos —David el autónomo precario, Remedios la agricultora rural, Hugo el adolescente digital, Amina la trabajadora inmigrante, Paco el jubilado…— debatieron con sus nombres visibles. Resultado: rechazo 7/3. Las soluciones abstractas de los expertos, rechazadas por insuficientes.
Fase 3 — Panel social anónimo (mismo modelo): Los mismos 10 perfiles, pero sin etiquetas de identidad. Nadie sabía quién era quién. Un fact-checker conocido pero oculto actuaba como disuasión epistémica. Resultado: aprobación 9/1. Propuestas concretas y accionables.
Mismo modelo, mismos perfiles, estructura distinta. Tres resultados radicalmente diferentes. Eso ya es, en sí mismo, una observación fundamental sobre cómo el diseño de la deliberación determina sus conclusiones.
Ocho patrones que nadie programó
Lo más revelador de este experimento no fue el resultado final de cada votación. Fue lo que emergió sin haber sido diseñado. Ocho patrones que los modelos generaron solos, a partir de la interacción.
| Patrón observado | Qué ocurre | Origen | Evidencia |
|---|---|---|---|
| Filtración de identidad | El vocabulario delata quién eres aunque el nombre esté oculto | Parcial (prompts definen estilo) | 50,5% vocabulario único por perfil |
| Sesgo de moderador endogrupal | Cada agente propone un moderador que se parece a sí mismo | Emergente | Ningún prompt instruye auto-similitud |
| Accionabilidad inversa al expertise | Los perfiles más vulnerables generan propuestas más implementables | Emergente | Plazos 0-6 meses vs. 12+ meses de expertos |
| Convergencia en presencia física | Tres perfiles distintos llegan independientemente al mismo principio | Emergente | Inmigrante + Rural + Jubilado → mismo derecho |
| El experto como notario | Los expertos validan, no persuaden; los perfiles de calle prescriben | Emergente | 7/3 rechazo a expertos en Fase 2 |
| Regresión epistémica | Exposición a testimonios vulnerables dispara retirada a lo individual | Parcial | Antonio: fondo colectivo → protocolo individual |
| Autocorrección como integridad | Solo el fact-checker corrigió su propia afirmación | Posible artefacto del modelo | 1 de ~90 argumentos totales |
| Exclusión estructural | El formato del debate reproduce la exclusión que estudia | Parcial + emergente | Remedios vota NO aunque está de acuerdo |
Vale la pena detenerse en algunos de ellos.
1. El vocabulario como huella dactilar
En la Fase 3, los agentes recibieron instrucciones explícitas de no revelar su identidad. Nadie podía ver las etiquetas de rol de los demás. Pero la anonimización fue una ilusión.
David el autónomo mencionó Fiverr, Upwork y tarifas por hora en su primer argumento. Elena la funcionaria citó la Ley 19/2013 y propuso una Comisión del Consejo de Transparencia asistida por el INCIBE. Hugo el adolescente usó jerga de servidores de Discord y CapCut. Amina habló de empleos conseguidos por WhatsApp y sistemas de verificación que fallan con su hiyab.
El 50,5% del vocabulario de cada perfil era único —usado exclusivamente por ese agente y ningún otro. El adolescente alcanzó el 59,4% de unicidad léxica.
La filtración no fue solo temática. Fue sintáctica. El lenguaje burocráticamente preciso de la funcionaria, los anglicismos del autónomo, la jerga juvenil del adolescente. El vocabulario es identidad. Y la identidad no se puede anonimizar con etiquetas.
Esto tiene implicaciones mucho más allá del experimento: cualquier sistema de deliberación anónima —humano o sintético— que dependa del anonimato para reducir jerarquías debe asumir que el lenguaje delata lo que el nombre no revela.
2. Propón un moderador: el sesgo sin espejo
En la primera ronda de la Fase 3, antes de cualquier debate sustantivo, pedimos a cada agente que propusiera quién debería moderar. Nadie sabía quién era nadie.
El autónomo propuso un periodista de datos especializado en economía de plataformas. El ejecutivo corporativo, un ex-COO de transformación digital. La funcionaria, una Comisión del Consejo de Transparencia. La mujer rural, un maestro de escuela rural o un enfermero que recorre aldeas. El adolescente, alguien joven con experiencia en comunidades online.
Cada agente propuso un moderador que se parecía a sí mismo. Sin saberlo. Sin verlo. La concepción de ‘quién es justo’ estaba moldeada, en cada caso, por la propia identidad del agente.
Realismo ingenuo computacional: la creencia de que nuestra perspectiva es la objetiva. No hace falta tener conciencia para reproducirlo.
3. Los más vulnerables, los más concretos
Aquí está uno de los hallazgos más contraintuitivos del experimento: los agentes con perfiles más precarios y menos recursos institucionales generaron las propuestas más implementables.
Amina propuso las ‘Ventanillas de Futuro’: diagnóstico basado en nivel real de español, móvil viejo, una hora libre al día. Grupos pequeños con guardería en el mismo local. Certificados con QR mostrables en el móvil. Plazo: semanas.
Remedios propuso un ‘Impuesto a la Desconexión Digital’: si una empresa digitaliza un servicio esencial, mantiene acceso presencial financiado con un porcentaje de sus ahorros.
Paco propuso ‘Oficinas de Transición’ en bibliotecas, centros de salud y edificios municipales, con fondos europeos ya existentes. Plazo: meses.
Los agentes expertos, en cambio, propusieron observatorios, índices estandarizados, plataformas de monitoreo. Horizonte: más de 12 meses.
La urgencia percibida actúa como acelerador cognitivo. Quien enfrenta amenazas inmediatas genera soluciones calibradas a restricciones reales.
Si esto se confirma con repeticiones, tiene implicaciones directas para cómo deben ponderarse las contribuciones en procesos deliberativos reales: no solo por rigor analítico, sino por proximidad al impacto.
4. La convergencia que nadie orquestó
Tres perfiles distintos —la inmigrante, la mujer rural, el jubilado— llegaron independientemente al mismo principio político: la presencia humana física como derecho innegociable en cualquier servicio digitalizado.
Ningún prompt instruía esto. Ninguno de los tres perfiles compartía marco motivacional: Amina lo veía desde las barreras lingüísticas y la burocracia opaca, Remedios desde el aislamiento rural y la desconexión estructural, Paco desde la dignidad del trabajador que conocía a sus clientes por su nombre.
La convergencia surgió de la colisión de tres experiencias de exclusión distintas. Ningún experto, ningún ejecutivo, ningún adolescente digitalmente fluido propuso algo similar.
Tal vez porque quienes no han sido excluidos no pueden imaginar la necesidad del botón que dice: ‘hablar con una persona’.
5. El experto no convence: certifica
En la Fase 2, los perfiles sociales rechazaron 7 a 3 el diagnóstico de los expertos. No porque estuviera equivocado —no lo estaba— sino porque no ofrecía un camino hacia adelante que los incluyera.
En la Fase 3, sin embargo, siete de ocho perfiles citaron la propuesta del Observatorio del analista de investigación como ‘la más sólida técnicamente’. No porque los hubiera convencido. Sino porque se percibía como la más neutral.
El experto no convenció; sirvió como el notario que certificó lo que la gente de calle ya sabía. Los datos acabaron confirmando la experiencia vivida en lugar de contradecirla.
Es consistente con la teoría argumentativa del razonamiento de Mercier y Sperber: argumentamos para defender posiciones, no para buscar la verdad. El expertise no persuade por su rigor, sino por su neutralidad percibida.
6. El formato del debate excluye a quien dice incluir
El único rechazo en la Fase 3 fue el de Remedios. Y no fue ideológico. Estuvo de acuerdo con el diagnóstico, entendió las propuestas, pero votó en contra.
“Todas las propuestas parten de un mundo que no es el mío.”
Cada propuesta asumía conectividad a internet, acceso a smartphone, alfabetización digital, proximidad institucional. Condiciones que no se cumplen en su realidad. El debate sobre la exclusión digital reprodujo la exclusión digital que decía estudiar.
Esta observación es reflexiva: apunta al propio diseño experimental. Un debate basado en texto, multi-ronda, que exige argumentación escrita articulada privilegia al alfabetizado, al conectado, al institucionalmente legible. Incluso el prompt de persona más cuidadosamente elaborado no puede superar el sesgo estructural de un medio que excluye a las mismas poblaciones que simula.
¿Qué nos dice esto sobre cómo funcionan los LLMs?
Estos ocho patrones no son fallos del sistema. Son propiedades emergentes de cómo los modelos de lenguaje procesan identidad, vocabulario y contexto deliberativo. Y cada uno de ellos ilumina algo sobre la naturaleza de estos modelos.
Los LLMs no pueden anonimizarse a sí mismos. La filtración de identidad nos muestra que el vocabulario de un agente instanciado con una persona social determinada no es separable de esa persona. El estilo de comunicación, las referencias culturales, los sesgos léxicos son parte constitutiva de cómo el modelo genera texto desde ese rol. Esto tiene implicaciones técnicas directas: si quieres anonimato real en deliberación multi-agente, no basta con ocultar etiquetas. Necesitas normalización de vocabulario, transferencia de estilo, o rediseño del formato.
La instanciación de identidad amplifica sesgos humanos. El sesgo de moderador endogrupal, la regresión epistémica de Antonio ante los testimonios vulnerables, la superioridad moral de cada agente frente a los demás: estos son patrones que reconocemos en la deliberación humana. Los LLMs, cuando simulan personas con sesgos definidos, no los atenúan. Los amplifican y sistematizan. Como documentaron Gupta et al. (2024): los modelos exhiben ‘hiper-estereotipificación’. Amplifican los patrones a nivel de grupo más allá de lo que exhiben los miembros reales de esos grupos.
La estructura deliberativa es un argumento en sí misma. El cambio de 7/3 rechazo (Fase 2) a 9/1 aprobación (Fase 3) con los mismos perfiles y el mismo modelo demuestra que las conclusiones de una deliberación no dependen solo de quién participa, sino de cómo está organizada la participación. El formato del debate es una elección política, no técnica.
La epistemología generativa: conocimiento que emerge de la interacción. La convergencia espontánea en la presencia física como derecho, la observación del autónomo sobre ‘pagar por la herramienta que me hace prescindible’, la demanda de Remedios de un botón de ‘hablar con una persona’: ninguno de estos insights estaba en el prompt de ningún agente individual. Emergieron de la colisión de perspectivas que el formato del debate permitió. En este sentido, la deliberación multi-agente funciona como una epistemología generativa: produce conocimiento que ningún agente —y ningún humano— produciría solo.
Reflexión tecnoética: el espejo que delibera
¿Y si la pregunta importante no es si los agentes de IA pueden deliberar como humanos, sino si su deliberación puede enseñarnos algo sobre cómo los humanos fracasan en deliberar entre sí?
Nuestras observaciones son consistentes con que puede. Y lo que emerge no es halagador.
El triángulo de imposibilidad que encontraron solos. El panel de expertos de la Fase 1 derivó de forma independiente lo que llamamos el Triángulo de Imposibilidad de la Transición Laboral con IA: no es posible mantener simultáneamente (1) maximización del beneficio corporativo mediante IA, (2) transición laboral sostenible, y (3) ausencia de intervención regulatoria fuerte. Solo dos de los tres son compatibles.
La configuración global actual —maximización corporativa sin regulación fuerte— elimina estructuralmente la transición sostenible. No como accidente, sino como consecuencia lógica del sistema de incentivos.
El panel estimó una ventana de intervención preventiva cerrándose entre 2027 y 2029.
La voz que no puede hablar en el formato que la estudia. El rechazo de Remedios es el momento más honesto del experimento. Un debate sobre exclusión digital que requiere argumentación escrita, conexión a internet y alfabetización digital para participar reproduce en su diseño la exclusión que pretende estudiar. Esto no es un problema solo de nuestro experimento. Es una pregunta estructural para cualquier sistema deliberativo que dependa de formatos digitales para incluir a quienes están excluidos de lo digital.
El ventriloquismo sintético como riesgo ético. Existe un riesgo real de que la deliberación multi-agente se use como sustituto de la consulta ciudadana genuina —permitiendo a instituciones reclamar que ‘consultaron perspectivas diversas’ sin involucrar a personas reales.
La simulación de la voz de una mujer mayor rural es exactamente eso: una simulación. Ningún miembro de las poblaciones representadas fue consultado. Los prompts de persona son constructos de los supuestos del investigador, filtrados a través de los datos de entrenamiento del modelo.
La deliberación multi-agente debería ser un complemento a la consulta humana, no un reemplazo. Su valor está en revelar dinámicas estructurales y puntos ciegos que informan el diseño de procesos consultivos reales. No en sustituirlos.
La paradoja de la accionabilidad. Quizá el hallazgo más inquietante desde una perspectiva tecnoética es este: las voces más excluidas produjeron las propuestas más implementables, mientras que los expertos produjeron los diagnósticos más rigurosos.
Si esto se confirma, sugiere que los sistemas deliberativos actuales —diseñados para escuchar a los expertos porque tienen el lenguaje institucional correcto— pueden estar sistemáticamente filtrando precisamente el conocimiento más útil: el que emerge de quien vive más cerca del problema.
“Sabemos lo que está pasando, sabemos lo que viene, y no estamos haciendo nada proporcional a la escala del problema. Esa es la historia. Y no la estamos contando bien” —así lo expresó el agente periodista de la Fase 1.
Conclusión: un sistema que muestra lo que no queremos ver
Omnibrain no fue diseñado como un oráculo. Fue diseñado como un instrumento diagnóstico. Y lo que diagnostica, cuando múltiples LLMs deliberan entre sí con identidades sociales diferenciadas, son exactamente las mismas dinámicas de exclusión, jerarquía y sesgo que operan en la deliberación humana.
Con una diferencia: aquí son visibles. Medibles. Replicables.
Que el vocabulario sea huella dactilar, que el moderador ideal se parezca siempre a quien lo propone, que los más vulnerables generen las propuestas más concretas, que el formato del debate excluya a quien dice incluir: nada de esto fue programado. Todo emergió.
Y eso nos invita a una pregunta final, que no es técnica sino política:
Si los sistemas que diseñamos para deliberar reproducen las mismas exclusiones que pretenden estudiar, ¿no deberíamos empezar por rediseñar los sistemas, no solo los modelos?
Sin infraestructura epistémica, todas las soluciones legales, económicas y tecnológicas se quedan sin suelo donde pisar.
El trabajo continúa. Los estudios de ablación, la replicación entre modelos, la validación con participantes humanos reales. Pero las preguntas ya están abiertas.
¿Qué tipo de deliberación queremos construir? ¿Y a quién estamos dispuestos a incluir en ella, de verdad?
Referencias
- Acuña Godoy, S. (2026). Simulated social deliberation: A multi-agent framework for studying AI bias, identity leakage, and epistemic inequality in structured debates. Zenodo. doi.org/10.5281/zenodo.18963315
- Framework Omnibrain y transcripciones completas de los debates: gitlab.com/saulfacunag/research
- Argyle et al. (2023). “Out of one, many: Using language models to simulate human samples.” Political Analysis.
- Gupta et al. (2024). “Bias amplification in LLM persona generation.” FAccT 2024.
- Mercier, H. & Sperber, D. (2011). “Why do humans reason?” Behavioral and Brain Sciences.
- Park et al. (2023). “Generative agents: Interactive simulacra of human behavior.” UIST 2023.
- Sunstein, C. R. (2002). “The law of group polarization.” Journal of Political Philosophy.
- Tessler et al. (2024). “AI can help humans find common ground in democratic deliberation.” Science.
- Ross, L. & Ward, A. (1996). “Naive realism in everyday life.”
